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Tras una primera entrega que, como si de un "Zelda" occidental se tratase, narraba los primeros compases vampíricos de Kain (con "LOK: Blood Omen"), Legacy of Kain se tornó tridimensional en su segundo capítulo, "LOK: Soul Reaver", siendo en esta ocasión el personaje principal el mártir Raziel, un vampiro al cual Kain y su séquito repudiaron y dieron por muerto. La mecánica cambió sobremanera para marcar ese estilo propio que ha terminado siendo tan característico de la saga.
Su continuación, "Soul Reaver 2", si bien logró un nivel tecnológico altísimo y un apartado jugable igualmente notable, como juego no llegó a la maestría del planteamiento lúdico de su inmediato antecesor, sobre todo en cuestiones de puzzles y desarrollo argumental. Hecho el cual tampoco supo solventar la siguiente aparición de Kain como protagonista, "Blood Omen 2". O sea, se trataba de un producto correctísimo en todos los sentidos, pero carente de cualquier atisbo de genialidad.
Por contra, la situación parece que está por cambiar. Sin llegar en ningún momento a niveles de mediocridad, "Legacy of Kain" se había estancado de mala manera, dando incluso la impresión de que se iban dando progresivos pasos hacia atrás en sus maneras lúdicas. El caso es que había que terminar de algún modo la curva argumental de la saga, porque o era eso, o era finiquitar la franquicia a mitad de camino.
Y qué mejor que unir a los dos antihéroes del juego, que completar el círculo que Kain y Raziel comenzasen en el primer "Soul Reaver". Para ello, había que hacer algo grande, revisar de arriba abajo los defectos y virtudes de todos los capítulos para hacer de "DEFIANCE" un auténtico diamante en bruto.

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